DE MEDIAS VERDADES Y MENTIRAS COMPLETAS .

Por: Federico Steinhardt / Sec de Seguridad Social de la departamental del SUNCA Montevideo

En estos últimos días, unos conjuntos de representantes empresariales salieron a bombardear el acuerdo alcanzado en la Industria de la Construcción. Con una virulencia inusitada, tratando de introducir elementos de debate, que bien lejos están de ser cotejados por la realidad.

Un acuerdo trabajado por las partes, que otorga un interesante margen de estabilidad para el sector. Que no es antojadizo sino profundamente razonado y estudiado, en sus impactos y en lo que acarrea. Que mira la globalidad de la industria en su desarrollo real, y su rol en la sociedad toda.

Pero no faltaron los detractores, anunciando catástrofes y cataclismos. Nada nuevo bajo el sol. Sectores rancios hubo siempre. La misma cantinela que en 2008 con la anterior reducción. Y puede uno remontarse hasta 1895, cuando una huelga de albañiles lograba la primera regulación de la jornada, 20 años antes de la ley de 8 horas. Y siempre el mismo discurso… Que estos sindicalistas están de vivos, que se van a ir los inversores, que así la industria es inviable, y cosas por el estilo.

Pero el asunto no es tirarnos con adjetivos por la cabeza, sino analizar los datos que la realidad nos muestra.

¿La reducción de la jornada ahuyenta los inversores?

No hay nada en la realidad que respalde esa hipótesis. Nuestra experiencia más reciente es de 2008, y desde allí la Industria de la Construcción creció y se sostuvo. En 2008 no llegábamos a 40.000 trabajadores en planilla. En 2013, llegamos 72.000. Luego tuvo un leve freno, pero que siempre se mantuvo entre 50 y 60.000 cotizantes. La cantidad de metros construidos también aumentaron, así como el peso relativo del sector en el PBI nacional, pasando de representar un 4%, a casi un 10%.

Los agoreros del cataclismo, los sembradores de miedo, tendrían que explicar en qué basan sus supuestos. Se puede tener una opinión contraria, claro que sí, y bienvenido el debate, pero con fundamentos. La discusión pública, no se puede transformar en griterío de hinchada.

Es mucho más dañino para la llegada de potenciales inversores, la queja ante la OIT presentada por las Cámaras Empresariales de Uruguay. Pero ese detalle es omitido, de un modo que claramente no ayuda a un debate serio sobre la inserción internacional de nuestro país.

Además, la llegada o no de inversores, tiene mucho más que ver con el tipo de cambio y las tasas de interés de las plazas financieras centrales que con otra cosa. No nos quieran mentir. Que seamos trabajadores, no implica que seamos ignorantes de cómo funciona la economía de esta Industria.

La productividad en la Construcción.

Analizar seriamente este tema, es parte del acuerdo alcanzado. Y entendemos tener sobradas razones para afirmarnos en ello. Por simple instinto, cualquiera que camine la Industria sabe, que las obras se hacen más rápido y con menos gente. Esto acá y en la luna, implica mayor productividad del trabajo humano.

Si uno analiza la cantidad de metros construidos, sobre la cantidad de jornales que insume, no resiste un mínimo análisis. La sucesiva incorporación de tecnologías (que no se va a detener), acelera los procesos constructivos. Que esa incorporación de tecnologías tiene sus costos, sin duda. Se llama “composición orgánica del Capital”. En esa lógica, aumenta la “inversión inicial”, lo que dificulta el acceso de los capitales chicos. Y pierde peso la variable del “trabajo vivo”, que es el único que agrega valor en su desempeño.

Para ejemplificarlo claro: Si yo pongo los planos de la obra, y encima coloco los millones que insuma la inversión. Eso sigue siendo papel sobre papel. ¿Cuándo esa inversión inicial adquiere un valor mayor? Cuando intervienen personas doblando los hierros, armando el encofrado, colocando los caños, los cables, pintando, en fin… Es ese trabajo el que agrega valor. Y con esto, no despreciamos la importancia de la inversión inicial, sólo observar que es una parte del proceso.

Reducción de la jornada y costo de la Vivienda.

Hace pocos días, Alfredo Kaplan presidente de la Asociación de Promotores Privados de la Construcción en Uruguay, apuntó sus dardos contra el acuerdo alcanzado. Un insospechado de defender el acceso a la vivienda de los sectores de más bajos ingresos de la sociedad. Según su argumentación, el presente acuerdo haría imposible el acceso a Vivienda para los sectores más pobres. Vamos de nuevo con la evidencia…

La Ley de Vivienda Promovida ya lleva 15 años de aplicación. Con beneficios fiscales de todo tipo, que nos han generado un “gasto tributario” (impuestos que dejamos de cobrar), de varios cientos de millones de dólares. ¿Y cuál fue el resultado? ¿Generó miles de puestos de trabajo? Si. Dinamizó la Industria de la Construcción, también. Pero no resolvió la preocupación de Kaplán. En cuanto al déficit habitacional, el resultado fue nulo. Seguimos con un déficit habitacional que ronda las 60.000 viviendas. Porque la dificultad del acceso a la Vivienda en Uruguay tiene un componente estructural que trasciende.

En un país que tiene 500.000 personas que trabajan 40 o más horas, por salarios inferiores a 30.000 pesos mensuales, ni en la mejor de las siestas puede soñar con acceder a viviendas que en todos los casos superan los 100.000 dólares. No puede comprar ni el pestillo de la puerta. El mercado hace su negocio y no necesariamente está mal, pero da respuesta a un segmento de población. Pero el sector mas rezagado en derechos laborales, necesita de otras políticas públicas, de impactos más potentes para el acceso a la vivienda.

La estructura de costos en la Construcción.

¿El salario tiene incidencia en la estructura de costos? Sin duda que sí. Es una industria intensa en mano de obra. Que a su vez derrama en otros sectores de diversos suministros. Según estudios, por cada puesto en obra, se genera otro en actividades complementarias. El salario tiene su impacto, pero no es el determinante para el acceso  a la vivienda.

Un peso mucho mayor lo tiene el derecho al acceso a suelo urbano. Y en eso, las políticas públicas son fundamentales. Saludamos la posibilidad de acelerar los procesos para poner en disposición en mayor brevedad, terrenos en situación de abandono en zonas urbanizadas.

Comparativa de costos.

Según la aseveración de una parte del empresariado, este acuerdo impediría el acceso a vivienda a los laburantes de este país. Vamos de nuevo con la evidencia de los números concretos… ¿Cómo me explican semejante diferencia?  El metro cuadrado construido por privados, bajo la Ley de Vivienda Promovida sale promedio 3.800 dólares el metro. Y bajo el sistema cooperativo 1.200. Tiene una sola explicación. LUCRO.

Porque el personal obrero, ya sea de una Cooperativa o de una empresa cobran lo mismo. Y para el promedio cooperativo estoy usando cooperativas que contratan todo el personal (incluso peones) que en FUCVAM son mano de obra benévola. ¿Cómo se explica que salga cuatro veces más caro? Si la explicación fuese la “productividad del personal”, tendrían que abandonar la gestión de las empresas. No. La explicación es el lucro.

Es más… Este número promedio, es del año pasado. Cuando las cooperativas aún pagaban el IVA a los materiales, cosa que los promotores privados estaban exonerados.

Y no es el lucro con un producto de lujo. Es con una necesidad básica.

No le endilguen al SUNCA y sus luchas, las dificultades estructurales del capitalismo.

A este gremio, que todos los sábados, tempranito se levanta a laburar de gratis en los barrios más carenciados. Allí donde no llegan los inversores.

Discutamos de inversión y productividad. Con todo gusto.

De un plan de vivienda accesible al pobrerío. Nos van a tener en primera fila.

Pero eso sí. Para la discusión. Con argumentos.

No es tiempo de gastar en adjetivos.

Pongámosle pienso al país, que el futuro nos demanda.

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